Entre injuria e ingenio, burlas y veras: Abadesas en el punto de mira de las cantigas de escarnio y maldecir

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Entre injuria e ingenio, burlas y veras: Abadesas en el punto de mira de las cantigas de escarnio y maldecir
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  Entre injuria e ingenio, burlas y veras: Abadesas en el punto demira de las cantigas de escarnio y maldecir Eukene Lacarra Lanz The Bulletin of Hispanic Studies, Volume 86, Number 1, 2009,pp. 1-11 (Article) Published by Liverpool University Press For additional information about this article  Access Provided by your local institution at 11/14/10 4:27PM GMT http://muse.jhu.edu/journals/bhs/summary/v086/86.1.lanz.html  Entre injuria e ingenio, burlas y veras: abadesas en el punto de mira delas cantigas de escarnio y maldecir EUKENE LACARRA LANZ Universidad del País Vasco 󲀢  Alfonso X recoge en las  Partidas trece leyes agrupadas bajo el título: ‘De las deshonrras quier sean fechas, o dichas a los biuos, o contra los muertos, e de los famosos libellos’. En la primera de las leyes dene las deshonras: ‘injuria […] que es fecha, o dicha a otro a tuerto, o a despreciamiento del’. Hay dos tipos principales, las injurias de palabra y las de hecho y son delitos punibles por la ley cuando se dan dos requisitos: que quien proere la injuria lo haga con la intención de deshonrar y que el receptor se tenga por injuriado: ‘es como si vn ome denostase a otro, o le diesse bozes ante muchos faziendo escarnio del [...] onde se tuuiesse el otro por deshonrrado’ (  Partida  7.9.1). 1  Además las deshonras se clasican según su gravedad también en dos grupos: Entre las desonrras que los omes reciben vnos de otros ay muy gran departimiento. Ca tales y ha dellas a que dizen en latin atroces, que tanto quiere dezir en romance como crueles e graues. E otras y ha que son leues. (  Partida  7.9.20)  A partir de esta primera división se hacen otras. Las graves se dividen en cuatro subgrupos. El primero se reere exclusivamente a las deshonras de hecho, es decir a las que desembocan en lesiones físicas. El segundo concierne a deshonras de hecho y de derecho, las cuales son más graves cuando se cometen delante de personas de gran dignidad, como el rey o el juez, o en ciertos lugares, como la iglesia o la corte, o se perpetran públicamente en el concejo o delante de muchos. El tercero indica la gravedad en razón de la persona misma que recibe la deshonra. Será tanto más grave cuanto mayor sea su categoría o su relación con el denostador. Así es más grave injuriar al señor, al padre, o a un familiar o al juez o al señor, que denostar a otras personas menos allegadas o a aquéllas con las que el agresor no tiene una relación de vasallaje u obediencia. El cuarto  y último declara la gravedad de la injuria cuando se hace por medio de cantigas, 1  Las siete partidas , en Martínez Alcubilla (1885: 627). De aquí en adelante cito siempre por esta edición.   Eukene Lacarra Lanz 2 bhs, 86 (2009) rimas o libelos. 2  Otras leyes de este mismo título prevén castigos diferentes si se escarnece a un noble o a un villano, a una mujer casada o desposada, a una soltera o viuda de buena reputación, pero no a una prostituta (  Partida  7.9.5). Como vemos, la ley consideraba la difamación un delito muy grave y lo pros-cribía y lo castigaba con penas muy severas. Ese es el caso de las deshonras que se difunden por libelos: Infaman e deshonrran vnos a otros non tan solamente por palabras: mas aun por escrituras faziendo cantigas, o rimas o deytados malos, de los que han sabor infamar. Esto fazen a las vegadas paladinamente, e a las vegadas encubiertamente echando aquellos escritos malos en las casas de los grandes señores, o en las eglesias, o en las plaças comunales de las cibdades, e de las villas: porque cada vno lo pueda leer. E en esto tenemos que resciben gran deshonrra aquellos contra quien es fecho. E otrosi fazen muy gran tuerto al Rey los que han tan gran atreuimiento como este. E tales escrituras como estan dizen en latin famosus libellus: que quiere tanto dezir en romance como libro pequeño en que es escrito infamamiento de otro. (  Partida  7.9.3) Quien deshonra a otro de este modo y se le puede probar en juicio ‘meresce pena por ende de muerte por ello, o de desterramiento o otra pena qualquier’ (  Partida  7.9.3), pena que deben recibir tanto quien compuso el escrito como quien lo copió e incluso quien habiéndolo encontrado primero no lo rompió. En ningún caso se permite al que lo compuso eximirse de la pena alegando ser verdad lo que escribió:  Aquel contra quien lo zo non deue ser oydo nin le deuen caber la prueua. E la razon porque non gela deuen caber es esta: porque el mal que los homes dizen vnos de otros por escriptos, o por rimas es peor que aquel que dizen de otra guisa por palabra, porque dura la remembrança dello para siempre, si la escriptura non se pierde: mas lo que es dicho de otra guisa por palabra oluidasse mas ayna. (  Partida  7.9.3) Los denuestos verbales, aunque también proscritos por la ley, se consideraban menos graves: Otrosi defendieron que ningun ome non sea osado de cantar cantigas, nin dezir rimas, nin dictados que fuessen fechos por deshonra, o por denuesto de otro. E si alguno contra esto ziere deue ser infamado por ende. E demas desto deue rescebir pena en el cuerpo, o en lo que ouiere a bien vista del judgador del lugar do acaeciere. (  Partida  7.9.3) En estos casos de injuria oral, el denostador puede librarse de la pena si puede probar que lo que dijo es verdad. La diferencia, pues entre libelo, siempre escrito,  y canción u otra expresión oral es fundamental para denir la gravedad o levedad del delito. Para el legislador del siglo XIII la única vía legítima de difamar a alguien era la acusación ante el juez, de manera que se pudiera probar la incri-minación. Mediante este procedimiento, el injuriador, siempre que no hubiera consignado los denuestos en escritos como los ya mencionados, no cometía delito 2 Sobre la cuestión de los libelos es de gran interés Ciceri (1991).   Entre injuria e ingenio, burlas y veras 3 bhs, 86 (2009) alguno en el caso de probar que sus palabras eran ciertas. En este caso, el inju-riado quedaba legalmente infamado. Desde muy antiguo se habían confeccionado listas de palabras que consti-tuían denuestos. El  Fuero Real  enumera siete términos, ‘gafo, ó sodometico, ó cornudo, ó traydor, ó herege, ó á muger de su marido puta’ (Martínez Alcubilla 1885: 134), que constituyen denuestos castigados por la ley con una multa de 300 sueldos. También considera denuesto ‘tornadizo’ dirigido a musulmán o a un judío convertido al cristianismo, así como otras palabras similares, que sin embargo no enumera (Martínez Alcubilla 1885: 134). Las  Leyes Nuevas , promul- gadas después de las anteriores, también contemplan los denuestos. Se trata de leyes dictadas para resolver las dudas más frecuentes que encontraban los jueces al aplicar la ley. En el caso que nos ocupa la cuestión que se plantea es qué debe hacer el juez cuando un hombre deshonra a otro con dos o más ‘denuestos deve-dados’. La respuesta es que no debe pagar caloña por cada uno en particular sino que debe pagar una sola vez por el denuesto mayor. Se menciona como ejemplo  jo de fodidumcul , palabra que no guraba en la enumeración del  Fuero Real , pero que era junto con traydor  , de las más graves. 3 La lista de denuestos presente en la legislación alfonsí sigue la tradición  jurídica del  Fuero Juzgo , que también se encuentra en el  Fuero Viejo de Castilla  y en los fueros municipales. 4  Las palabras a veces varían, pero las más frecuentes, además de las mencionadas en el  Fuero Real  son  fodiduncul ,  fornecino , bocafedienta , sarracín , bizco , corcobado , circuncido  (Madero 1992) .   He mencionado la importancia de la intención de quien proere el denuesto, la interpretación del destinatario y el modo de difusión, oral o escrita. Las dos primeras eran necesarias para que existiera deshonra: la intención de deshonrar por parte del emisor y la interpretación del denuesto como injuria por parte del receptor. La tercera determinaba la gravedad de la injuria si se daban los dos requisitos anteriores. Llegados a este punto podemos preguntarnos hasta qué punto las cantigas de escarnio y maldecir aclaran el carácter injurioso o no de este tipo de composición. 5 Cantigas d’escarneo son aquelas que os trobadores fazen querendo dizer mal d’algue<n> en elas, e dizendo-lho per palavras cubertas que ajan dous entendimentos pera lhe-lo non entenderen ligeiramente: e estas palavras chaman os clerigos equi- vocatio . Cantigas de maldizer son aquela<s> que fazen os trobadores descubertamente. E<n> elas entran palavras que queren dizer mal e non aver outro entendimento se non aquel que queren dizer chãamente. Se trata, pues, de un género poético, cuya intención es ‘dizer mal d’algue[n]’, 3 Véase Martínez Alcubilla (1885: ley XI, 178). Esta misma cuestión se plantea en las  Leyes de  Estilo  o  Declaraciones de las leyes del Fuero Real  (1885: ley 81, 158). 4  Fuero Juzgo (12.3.1–6),  Fuero Viejo de Castilla  (2.1.9), en Martínez Alcubilla (1885: 66 y 86).  Fuero de Soria  (481), en Sánchez (1919: 184).  5 Cito por Lanciani y Tavani (1995: 12–13). Véase también, Tavani (1999) y D’Heur (1975).   Eukene Lacarra Lanz 4 bhs, 86 (2009) bien sea mediante un discurso encubierto, anbológico, bien sea mediante un discurso directo y unívoco. A la vista de la legislación coetánea, parecería una contradicción agrante que sea el propio legislador que condena los delitos de injuria, Alfonso X, quien aparentemente las practique y las promueva. De ahí que debamos preguntarnos hasta qué punto hay que tomar al pie de la letra la intención escarnecedora de las cantigas, que con tanta rotundidad parece manifestar la poética arriba mencionada, así como sus canales de difusión, pues siendo orales en ningún caso se trataría de una injuria grave. Claro está que si se pudiera probar la intención real de escarnecer, empresa indudablemente difícil, muchas cantigas de escarnho  y de maldizer    (CEM)  cumplirían con varios de los agravantes citados: se difunden ante un público amplio, lo que podría acrecentar el peso de la vergüenza; se cantan con frecuencia en lugares de gran dignidad (las cortes); los testigos que las escuchan son de indudable calidad (reyes, nobles, eclesiásticos); y la dignidad de las personas a quienes en ocasión se dirigen (nobles y eclesiásticos). Bien es verdad que la difusión oral funcionaría como atenuante, pues como dice la ley: ‘la palabra oluidasse mas ayna’.La aparente ausencia de estos dos componentes: animus iniurandi  por parte del poeta y denuncia por parte del interpelado, es precisamente lo que resta fuerza al resto de la ‘evidencia’. No parece que en este género literario la intención de los poetas fuera realmente infamarse o denostarse mutuamente ni sabemos de quejas de los receptores en este sentido. Ciertamente, para un juez sería difícil probar que la intención del poeta era injuriar, puesto que la poética de estas cantigas le exigía desarrollar su ingenio para escarnecer, bien fuera de manera inequívoca bien a través de la duplicidad. Por tanto, la interpretación de agravio por parte del destinatario tampoco tendría lugar, porque éste debía asumir la ‘fuerza’ que el género ejercía sobre el poeta e interpretarlo como una chanza. Se trata más bien, pues, de un juego literario a través del cual poder mostrar el ingenio y la agudeza compositiva, en una suerte de competición por ser el mayor  y mejor escarnecedor y maldecidor. Esto no signica que las burlas no moles -taran en ocasiones, pero sí que la respuesta a ellas debía de hacerse con talento  y gracia, puesto que considerarlas ofensivas implicaba la mancilla y obligaba a demandar reparación. Concuerdo con la opinión de Madero, quien arma: En los círculos próximos al rey Alfonso X y al rey Denís de Portugal, las cantigas de escarnio no funcionaron, en principio, como injurias (lo cual no signica que no tuviesen capacidad de herir o de provocar situaciones dramáticas). Se trataba más bien de torneos bufonescos, de injurias lúdicas que no se parecen a los concursos de injurias del derecho, sino a los discursos fanfarrones, al mannjafnaôr   noruego [...] a fanfarronadas o insultos que las antiguas lenguas germánicas designan con las palabras  gelp ,  gelpan , al arte de  gaber   del francés antiguo. (Madero 1992: 24) Vasvari llega a esta misma conclusión en su excelente análisis de la cantiga de  Alfonso,  Joan Rodriguiz foi osmar a Balteira  (Lapa 1998: 26, no.11). Quiero reiterar que en la jactancia quedaba un resquicio abierto para la burla y el abuso, aunque el poder adquirido por el poeta fuera un poder efímero (Liu 2004: 131–37).
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