El Inca Garcilaso de la Vega: La Ley Natural frente a las Leyes Nuevas

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Mercedes Serna, “El Inca Garcilaso de la Vega: la “Ley Natural” frente a las “Leyes Nuevas”, publicado en Edad de Oro, XXIX, 2010, pp. 323 – 342, ISSN 0212-0429.
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  Mercedes Serna, “  El Inca Garcilaso de la Vega: la “Ley Natural” frente a las “Leyes Nuevas ”  , publicado en Edad de Oro, XXIX, 2010, pp. 323  –  342, ISSN 0212-0429. Introducción La leyenda negra ha dominado el pensamiento histórico de todos estos siglos en lo referente a la conquista española de América. Al tratar del descubrimiento del Nuevo Mundo, se han hecho generalizaciones (del tipo “24 millones de indígenas murieron a manos de los españoles”, “60 millones de indígenas murieron a manos de los españo les”, o “los españoles aniquilaron la mayor parte de lenguas indígenas”) que han simplificado la historia de la conquista americana. Hay que distinguir entre lo que opinaban los filósofos, los  juristas, los humanistas, los historiadores (cronistas de Indias) y los escritores en general y lo que hacía el encomendero”rapaz” y “astuto” en el terreno americano, entre la actitud de la Corona y la de los conquistadores en América e incluso entre los propios conquistadores. Tampoco se ha estudiado qué pensaban al respecto los oriundos o aborígenes americanos, como Garcilaso de la Vega, por ejemplo. Asimismo, se han aplicado términos inexistentes en la época como los de racismo o indigenismo. La ideología indigenista, tal y como indica Eduardo Nicol, es una producción reciente y no tiene tradición en Hispanoamérica (Nicol , 1961: 74) La leyenda negra ha deformado no sólo la historia espiritual de la conquista americana sino también un elemento aparentemente neutro como las construcciones geográficas de los primeros cronistas. Veamos cómo éstos entendieron el descubrimiento a través de sus crónicas y las reinterpretaciones posteriores que se han hecho, cinco siglos después, de dichos textos. La Corona española, impuesto como objetivo la evangelización de los indios, y siendo éste su mejor título de posesión de aquellas tierras, tal y como expresa la primera bula “Inter Caetera”, patrocinó desde un principio la conquista espiritual del Nuevo Mundo. Para esta labor contó con la Iglesia, ya desde una fecha tan temprana como 1508. Pero no cabe duda de que la evangelización y la idea de imperio se utilizaron también para esclavizar a los indios. En 1511 el discurso de fray Antón  de Montesinos influyó de tal manera en España que el Rey Fernando ordenó la reunión en Burgos de expertos en asuntos indianos. De estas reuniones surgieron las Leyes de Burgos (1512-1513) en las que, sin abolirse las encomiendas, se insistía en el buen trato del indígena, en su educación y evangelización. Las Leyes, que sentarían las bases de la doctrina proteccionista de los indígenas, aludían a cuestiones tan concretas como la prohibición expresa de que éstos llevaran cargas pesadas. La preocupación de la Corona por el trato que se daba a los aborígenes se irá plasmando en sucesivas disposiciones, entre las que destaca la Ordenanza de 1526 sobre el modo de hacer conquistas, incluida a partir de entonces en las capitulaciones. Aunque la figura emblemática del proteccionismo indígena es fray Bartolomé de las Casas, hubo otras voces españolas que denunciaron la empresa imperial. Entre ellas, la del humanista Hernán Pérez de Oliva (1494?-1531) cuya obra, Historia de la invención de las Indias  , es un extraordinario testimonio de la manera en que reaccionó uno de los más ilustres humanistas españoles ante los problemas morales de la conquista. Hernán Pérez de Oliva, veinte años más joven que Las Casas, está en la línea de éste y de Vitoria. Y es que la idea estaba ya en el ambiente. Basta recordar los textos de Alonso de Ercilla, José de Acosta, el poeta Enrique Garcés o Diego Mexía de Fernangil. Como señala Ángel Losada, Las Casas es un elemento más, valiosísimo, de la “escalada ideológica hacia la conquista de los derechos del hombre, característica del humanismo español del siglo XVI” ( Ginés de Sepúlveda, 1975: 11). En 1542 fue, por fin, Las Casas fue oído por Carlos V y como consecuencia se promulgaron las “Nuevas Leyes” de Indias. Su implantación produjo malestar en América y motivó las rebeliones de Gonzalo Pizarro y los Contreras en Perú y América Central, respectivamente, como luego veremos a través del testimonio del propio Inca Garcilaso. Es notorio el influjo que Las Casas ejerció sobre Carlos V: no sólo fue nombrado en 1543 obispo de Chiapa (Guatemala) sino que consiguió ensombrecer a cronistas como Oviedo y su Historia general  , por divulgar, en su criterio, falsos testimonios e infamar a los indios. La inquina de Las Casas vino motivada porque Sepúlveda utilizó los comentarios de Oviedo para propagar ideas antiindigenistas. El éxito de la obra del padre Las Casas repercutió muy  negativamente en el aprecio que como historiador pudo haber tenido Oviedo. El dominico no sólo fue escuchado sino que discutió públicamente sus teorías con Sepúlveda y no olvidemos que su Brevísima relación de la destrucción de las Indias  , que no es una obra historiográfica sino un acta de acusación o informe de agravios, se publicó con gran resonancia (posteriormente para dañar la imagen de España se añadió a la edición dibujos que visualizaran la crueldad) Sepúlveda, en cambio, se vio obligado a recurrir al francés o al inglés para divulgar en Europa sus teorías. El Demócrates II    o “ De las justas causas de la guerra contra los indios  ”, del cronista del Emperador, filósofo y teólogo Sepúlveda había de enfrentarle directamente con Las Casas, en uno de los acontecimientos decisivos de la historia de España, esto es, la celebración en Valladolid de la Junta que el Emperador Carlos V convocó, en los años 1550 y 1551, para discutir el problema de la justicia o injusticia de las campañas que España llevaba en América. Ambos eran partidarios de la predicación cristiana en el Nuevo Mundo, si bien para Las Casas ello sólo podía hacerse pacíficamente y previo consentimiento voluntario de los indios, en tanto que para Sepúlveda era admisible la utilización de la fuerza para obtener tal fin. Se planteó el tema del derecho o título de dominio que los monarcas tenían sobre el Nuevo Mundo (  justos títulos  ), el del derecho a hacer la guerra a sus naturales ( guerra justa  ), y del srcen de estos derechos y el poder que confieren a los reyes. Por primera vez en la historia se puso a discusión la justificación jurídica de una guerra. El resultado fue la promoción de la Legislación de Indias (ya iniciada antes de la Junta), que es considerada como la base del Derecho Internacional. Como observa Hanke, la nota que diferencia y distingue la colonización española de las de otros países es su intención y teoría, por la que, “lejos de callarse los desórdenes que van anejos a toda guerra, se ventilaban y discutían públicamente, en jurídicas reuniones autorizadas y hasta convocadas por el Rey”( Ginés de Sepúlveda, 1975: 8) 1  Qué mayor libertad de expresión, en una época absolutista, que la de tolerar las discusiones sobre la justificación jurídica de las conquistas y publicar las obras de Las Casas. No sé si surgieron protectores de este tipo o controversias similares en las colonias inglesas o francesas de América, pero  desgraciadamente sabemos de los malos tratos y del exterminio que se produjo, también, en ellas. España fue la primera nación colonizadora que planteó públicamente y discutió el problema de la colonización así como el de los derechos de los indios. Ante los Jueces de la Junta, Sepúlveda expuso su doctrina en el Demócrates II   o de las  Justas causas de la guerra contra los Indios   y en la Apología   de la misma. El Demócrates II   no tuvo autorización de publicación y no apareció hasta 1892. Parece ser que habiéndola presentado Sepúlveda al Concilio de Trento, éste no quiso publicarla por tratarse de una obra poco cristiana, por lo que recurrió a Roma, donde se imprimió bajo la forma de la Apologí  a. La doctrina de Las Casas se encarna en su obra Apología   como parte de la documentación presentada, y en la Apologética historia  2  , editada por primera vez en Madrid, en 1909. Las publicaciones de estas obras, asombrosamente tardías, ha hecho que se hayan interpretado a sus autores al margen de sus escritos. Así, en la desconocida  Apología de Las Casas, éste, a la par que defiende, frente a Sepúlveda, que la guerra no es lícita como medio para difundir el cristianismo, también afirma actuar como español. Cierta crítica le ha tachado, sin embargo, de antiespañol, desvirtuando su idea genuina. En la Apología, Las Casas trata de deshacer el argumento de Oviedo, autoridad que utiliza Sepúlveda, de que el indio americano era un ser infrahumano . Asimismo, la Apología   revela la relación de Las Casas con Erasmo de Rotterdam. La Junta de Valladolid no dio la victoria a ninguno de los contendientes, aunque puede decirse que de las dos corrientes de opinión que se formaron sobre el asunto, prevaleció la de Vitoria o Las Casas, que no reconocían la teocracia pontificia ni la autoridad universal del emperador y, por tanto, tampoco el derecho de descubrimiento y ocupación. Sin embargo, a pesar de que Las Casas y Vitoria siguen la misma línea hay diferencias entre ellos, de tal manera que aquél está más cerca de las futuras ideas de Montaigne que del jurista español. Francisco de Vitoria, catedrático de teología en la Universidad de Salamanca, comenzó por denunciar la conquista del Perú, acusando a los conquistadores de invasores y agresores y desautorizando los fundamentos teológicos, el “Requerimiento” que justificaba la política de represión de la primera conquista. Vitoria formula la Carta Constitucional de los Indios. 3   La  alternativa Vitoria, como réplica a la teología de la represión, puede resumirse en tres principios claves: El derecho fundamental de los indios a ser hombres y ser tratados como seres libres. El derecho fundamental de sus pueblos a tener y defender su propia soberanía El derecho fundamental del orbe a hacer y colaborar en bien de la paz y solidaridad internacional. Las “Relecciones” de Vitoria son pieza capital del Derecho de Indias y del Derecho internacional moderno. Célebres por haberlas explicado el propio maestro en la Universidad de Salamanca, fueron utilizadas en la controversia Las Casas-Sepúlveda, si bien Vitoria intervino muy poco en la polémica. Algunas de sus ideas merecen ser recordadas: los Reyes tienen derecho a permanecer en las Indias para proteger a los indios de la persecución y represión de sus caciques, así como del subdesarrollo (idea fundamental en la Historia General del Perú  , del inca Garcilaso de la Vega); el cristianismo debe irse introduciendo atrayendo y persuadiendo a los indios aunque al final sean ellos los que decidan; debe poderse, no obstante, utilizar cierta coacción hasta terminar en la prohibición legal de la idolatría y política de destrucción de los indios. Vitoria también cree que es mejor imponer la tolerancia religiosa que castigar las costumbres paganas. En este sentido, Las Casas, ante los pecados paganos, pide perdón y moderación. Según el dominico, ni la antropofagia, ni los sacrificios humanos que cometen los indios son causa justa de que se les haga la guerra. Las Casas es tan tolerante que al estudiar la procedencia de los sacrificios humanos dice encontrarlos, ni más ni menos, que en la Biblia, refiriéndose al sacrificio que Dios impuso a Abraham de su hijo Isaac. Éste, dice, fue el srcen de que se extendiera por el mundo tal costumbre. Pero sus razonamientos van más allá al indicar que una prueba de amor hacia Dios es ofrecerle lo que más se estima, o sea, la vida. Es en este punto donde las opiniones de Las Casas y Vitoria difieren, pues tanto para éste como para Sepúlveda, tales sacrificios eran gravísimas ofensas a la Ley natural. Para Las Casas, semejantes prácticas podían compararse con los martirios de los cristianos.
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